En el prefacio de la misa de hoy, en la parte que alude a la celebración de la Virgen, Madre de los desamparados, leemos: “nos la propones como modelo de fidelidad a tu palabra y nos la ofreces como amparo en nuestro desvanecimiento y estímulo constante para nuestra caridad”.
Lo primero que llama la atención en estas palabras es el inmenso respeto a nuestra libertad para acoger el don; Dios no obliga, propone y ofrece. Es el corazón del hombre, aquel recinto sagrado que lleva el timón de nuestra libertad, el que elige si va a recibir la propuesta y se acepta el ofrecimiento.
En María Madre de los Desamparados tenemos el modelo de fidelidad a la Palabra, ella es un modelo dinámico que como Dios siempre trabaja. Cuando estuvo en nuestra tierra siempre estaba abierta a la voluntad de Dios, aunque no entendiera, aun cuando al pedir explicaciones, se quedaba sin comprender del todo lo que se le decía. Ella acogía la Palabra y respondía fielmente.
Dios nos la ofrece también como amparo en nuestros desvalimientos. Decir amparo, es decir: refugio, protección, defensa; ¿Quién de pequeño no se sintió desvalido y recurrió a su madre, o una persona de confianza, llorando y ella lo acogió tiernamente entre sus brazos? Así entendemos que es el amparo de María:
¡un abrazo lleno de amor, que nos cobija, nos protege
y nos defiende del mal que vemos llegar o que estamos sufriendo!
María también es estímulo constante para nuestra caridad, nos estimula con su ejemplo cuando la vemos salir a toda prisa para ayudar a su prima, o quedarse en silencio junto a la cruz de Jesús acompañándolo en su entrega total. Ella nos estimula también desde su continua oración por cada uno. Si nosotros que somos malos, pedimos cosas buenas para los que queremos, cuánto más ella podrá pedir para nosotros, miembros de su Hijo, lo que necesitamos para vivir cada circunstancia.
¡Qué María, Madre de los Desamparados, nos vuelva a coger como hijos y nosotros, a semejanza de Juan ante de la Cruz, ¡la recibamos en la casa de nuestro corazón y nos amparemos en ella cada vez que sintamos el peso de nuestra fragilidad ante las vicisitudes con que nos sorprende la vida!
Sor María Luisa Navarro, OP
