El Padre Maestro, fr. Humberto de Románs, nos ha dejado una serie de razones que justifican el patronato de la Virgen María sobre nuestra Orden. Una de ellas menciona a la reina Esther, diciendo que María “fue puesta como amparo de los desamparados y abogada de ellos en la misma forma en que Esther fue hecha reina por disposición divina para que fuese abogada en favor del pueblo judío. Por lo tanto, debemos acudir llenos de confianza a la bienaventurada virgen María ya que a ella le corresponde como oficio ayudarnos en nuestras necesidades”.
Nuestra misión, que es la de Domingo, predicar el Evangelio para que, viviéndolo, todos los hombres se salven, nos supera ampliamente. Nos excede por parte de los portadores de la misión, dominicos y dominicas del siglo XXI y también por parte de los receptores de nuestra predicación. Por esto es que acudimos a la Virgen poniendo nuestra confianza en su intercesión para que nos obtenga la gracia de ser auténticos contemplativos de su Hijo, personas cautivadas por él que le dejan habitar en el centro de su alma y cooperan con su gracia para que evangelice el corazón donde él mora, de modo que puedan llegar a dar de lo que ellos mismos han recibido como don. Necesitamos también que la Virgen interceda por cada una de las personas con las que nos encontramos, para que su oración consiga del Señor, para ellos, la gracia de ser tierra fecunda para la semilla de la Palabra.
Ella que fue dócil al Espíritu Santo, a tal punto de dejar que la Palabra se haga carne en su seno, tendrá que seguir ayudando a cada uno de los hijos de Domingo para que Jesús se encarne en nuestra vida y en la vida de aquellos que tomen contacto con nosotros.
Sor María Luisa Navarro, OP
