Zaragoza es -por voluntad del Espíritu de Dios Padre y de Jesús– lugar de la Parusía de nuestra Señora, la madre de Jesús. El Espíritu Santo quiso hacerla venir para ratificar la fe de un pueblo cristiano bi-milenario. Y quiso que trajera el aroma de su propia historia: ¡en carne mortal!
María vino, viene y vendrá a Zaragoza. Y ella sigue viniendo para que cada creyente se encuentre con su Misterio. Hoy lo hemos presentado como un misterio de marginalidad, de seguimiento, de fe, de maternidad en la fe. La columna es el símbolo de esa fidelidad-fe que nunca se vuelve atrás. Y si viene, esto quiere decir que es enviada por Dios Padre, por Jesús. Y viene en el Espíritu Santo.

La basílica del Pilar es, ante todo, el espacio donde el Espíritu Santo actúa a través de su mejor asociada y cómplice que es María, la madre y discípula de Jesús, la madre del discípulo amado.
Es la basílica de la Parusía mariana que viene a visitar a sus hijos e hijas. Los caballeros y damas de la Virgen del Pilar se comprometen a ser los guardianes espirituales de la santa Columna en el Santuario y la expresión de la hospitalidad permanente de María del Pilar. En quienes se acercan a besar la santa columna resuenan silenciosa y permanentemente las palabras de María en Caná de Galilea: “haced lo que Él nos diga”.
El Santuario del Pilar no es un lugar “fake”: es un lugar “imán”, es decir uno de esos espacios que el Espíritu Santo se reserva en nuestro planeta para atraer, seducir, inspirar.
Y la tradición continúa… Aragón se identifica con la “madre” que lo visitó y siempre lo visita. Ante ella se depositan en su fiesta miles de ramos de flores.
José Cristo Rey García Paredes