El evangelio de hoy nos propone ahondar en aquella bienaventuranza que dijo Jesús cuando una mujer del gentío alabó el vientre de su madre y los pechos que lo criaron, él dijo: “bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”; sin duda que los que escuchamos la palabra de Dios somos muchísimos, pero todos sabemos que los que la cumplen son menos. El evangelio es exigente porque nos quiere libres, hijos de Dios libres bajo el dominio de la gracia.
Ese camino de libertad solamente lo podemos hacer si María permanece con nosotros implorando el don del Espíritu Santo. Si ella pudo, si los santos pudieron ¿por qué no voy a poder yo? ¿Por qué no vas a poder tú?
Recibamos hoy la invitación renovada a vivir el camino del Evangelio, el camino de la libertad, de la mano de María y bajo la acción del Espíritu Santo. No será fácil, pero es una empresa entusiasmante, se trata de plenificar lo que somos con la ayuda de Dios para llegar a ser hijos libres bajo el dominio de la gracia.
