La Virgen del Rosario, camino para vivir en Cristo

Uno de los Evangelios que propone el leccionario dominicano para este día, en que celebramos a nuestra madre del Rosario, es el que contiene una frase preciosa que nos habla de quien es María. La contemplamos en la Anunciación, en la visita a su prima, en las bodas de Caná, al pie de la cruz, en Pentecostés, en su ascensión y coronada como reina y señora de todo lo creado. En todos estos misterios, y en los que no aparecen en el evangelio pero que formaron parte de su intimidad materna con Cristo, María es la que “conservaba todas estas cosas” ,es decir todo lo que vio y escuchó de su Hijo, “en su corazón”. ¡Conservar a Cristo y las cosas de Cristo en el corazón es todo un desafío para el cristiano de hoy! Pues pasa con mucha facilidad de una actividad a otra y de un escenario a otro. Este conservar a Cristo en el corazón es como tener el ancla de la vida hundida en el misterio de Cristo, y desde ahí, ir respondiendo a lo que se va presentando a lo largo de cada jornada. 

Jesús dijo de sí mismo que es “el camino, la verdad y la vida”. Si él vive en el corazón, siempre hay un camino de salida para las dificultades; si permanece allí, en lo más hondo de nosotros mismos, su verdad iluminará nuestras ignorancias, nuestras indecisiones, nuestras oscuridades; si él vive en el corazón, nos transmitirá su misma vida y por lo tanto nos dará las fuerzas que necesitamos para emprender lo que nos pide hacer.

María del Rosario, es decir de los misterios de Cristo, tiene que enseñarnos a vivir con él y desde él: cada gozo, cada actividad, cada dolor y cada triunfo, que no son más que la prolongación en nuestras vidas de lo que Jesús vivió en la suya, y quiere vivir ahora en la nuestra.

Esta realidad fundamental se puede decir en pocas palabras, pero se va aprendiendo gradualmente en la vida orante y, estemos cerca o lejos de la meta que es vivir en Cristo de Cristo y para Cristo, María nos tiene que llevar de la mano para poder llegar a decir lo de San Pablo : “ya no soy yo es Cristo quien vive en mí”. Un ejercicio sencillo para llegar a tener a Cristo como el fundamento sobre el que todo se edifica y la fuente de la que todo nace en nosotros, es tomar conciencia de que estamos inhabitados por él y dirigirnos a él como un amigo que habla con el amigo que está siempre presente: ¿Qué harías tú, que dirías tú, qué pensarías tú de esta o de aquella cosa.

Pidamos a la Virgen del Rosario que nos enseñe a vivir de esta manera, siendo conscientes de que Cristo está en nosotros queriendo prolongado sus misterios en nuestra vida.

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