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Inmaculado Corazón de María 2026

En esta festividad Mariana les propongo acercarnos al Inmaculado Corazón de María por medio del salmo 15 que propone la liturgia del sábado de la semana décimo primera del tiempo ordinario.

María debe haber rezado numerosas veces este salmo que expresa la total y mutua posesión de Dios para con la criatura y de la criatura para con Dios. Dios es la heredad de María “tú eres mi bien”, y al mismo tiempo, es el lugar donde se refugia, donde recibe la instrucción, el consejo y donde encuentra protección. Dios es para ella un refugio acogedor, su presencia la abraza, le da firmeza, con él no vacila. Esto le proporciona la alegría y el gozo entrañable de su corazón. Podemos preguntarnos ¿tenemos esta alegría y este gozo en lo más íntimo de nuestro corazón?

María testifica con su vida que vivió el salmo que rezaba y también nos enseña cómo llegar a experimentar el gozo del corazón.

 Lo que los Evangelios nos cuentan de su vida, son como cátedras magistrales que nos enseñan que el gozo se compagina con el sufrimiento.

María ante el anuncio del ángel presenta su cuestionamiento y da una respuesta: “hágase tu voluntad”, no tenía otra seguridad si no la de la confianza en la promesa. María siente la alegría de tener  en sus brazos a Jesús recién nacido, la alegría de ver que su Hijo auxilia a unos recién casados en apuros, en Caná.

La Tradición nos la presenta siguiendo los pasos de su Hijo hacia el Calvario, la volvemos a encontrar de pie ante la cruz, donde Jesús va a dar la vida por la salvación del mundo.

María es la que vive continuamente la bienaventuranza proclamada por Jesús: “dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Lo que voy a decir puede parecer una locura; pero estoy convencida de que el corazón de María, aún en los momentos más duros, gozaba al hacer la voluntad de Dios , al mismo tiempo que sufría porque su Hijo padecía y moría por nosotros, y porque los hombres no habíamos podido reconocer que Jesús era el Dios con nosotros que nos estaba salvando.

¡Qué el Espíritu Santo y ella nos ayuden para que podamos llegar a tener en nuestra vida cristiana la experiencia del gozo que da el hacer la voluntad de Dios, de permanecer en él y que él permanezca con nosotros!

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