Todo lo que poseemos —bienes, talentos, tiempo, oportunidades— es un don recibido. Sin embargo, con frecuencia dejamos que el deseo de acumular endurezca el corazón, nos encierre en el egoísmo y nos aleje de los más frágiles. La verdadera riqueza no se mide por lo que guardamos, sino por lo que somos capaces de compartir con amor y justicia. El Papa León, en su intención de oración para este mes, nos invita a rezar por el buen uso de la riqueza, para que aprendamos a vivir con un corazón desprendido, capaz de reconocer que todo bien es común, y a convertir nuestros recursos en instrumentos de fraternidad, servicio y misericordia. No estás solo: al rezar te unes a millones de personas de la Red Mundial de Oración del Papa que, desde cada rincón del mundo, oran por los desafíos de la humanidad y de la misión de la lglesia.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la vida,
todo lo que tenemos viene de Ti:
la tierra fértil, los talentos recibidos,
el esfuerzo de quienes nos precedieron.
Nada es solo nuestro, todo es don compartido.
Pero tantas veces, Señor, dejamos que la riqueza deseada o alcanzada
endurezca nuestro corazón, nos encierre en el egoísmo
y nos haga olvidar a los más frágiles.
Perdónanos por acumular en lugar de compartir,
por usar los bienes como poder y no como servicio.
Tú nos recuerdas que la verdadera riqueza
no está en lo que guardamos,
sino en lo que entregamos con amor.
Un corazón desprendido transforma el mundo:
abre caminos de justicia, derriba muros de indiferencia,
siembra esperanza entre los pobres.
Te pedimos, Señor, que tu Espíritu nos enseñe a usar lo que tenemos
—dinero, tiempo, talentos, oportunidades— como instrumentos de fraternidad.
Que cada decisión económica, familiar o comunitaria
nazca de un corazón libre,
capaz de reconocer que todo bien es común,
y que solo compartiendo construimos futuro.
Haznos testigos de una riqueza
convertida en servicio y misericordia,
para que nuestra vida, unida a la de los demás,
sea signo de tu Reino de justicia y paz.
Amén.