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María, Reina porque es Servidora

Las lecturas de la misa de hoy nos ayudan, providencialmente, a reflexionar en María, Reina de todo lo creado. 

En el Evangelio, Jesús habla de los escribas y fariseos que gustan recibir reverencias y títulos, y nos pide que no seamos como ellos, sino más bien, servidores humildes: “el primero entre vosotros será vuestro servidor… el que se humilla será enaltecido”.

La misericordia de Dios encarnada, Jesucristo, y la fidelidad del resto de Israel, representada por María, se encuentran y nos enseñan el camino para llegar a participar de la eterna felicidad del Dios Trino, a la Gloria: la humildad y el servicio. Se trata de compartir los dones con que Dios nos ha enriquecido poniéndolos al servicio de los demás.

En el Magníficat, María se define a sí misma como la servidora del Señor, su esclava. Ella durante toda su vida anduvo en verdad, es decir, practicó la humildad, se ocupó de la misión que Dios le había confiado, la de ser Madre del Hijo de Dios; y lo hizo con suma sencillez. Como toda mamá, cuidó de él, le enseñó a hablar y a caminar, lo acompañó mientras crecía, guardó los misterios de su Hijo en su corazón. Puso todos los dones con que Dios la adornó, al servicio de su Hijo para ayudarle en su misión. Y Dios quiso que, así como participó acompañando a Jesús durante la vida terrena, lo acompañe también en la Gloria reinando con él. 

¡Qué la humilde esclava del Señor, la Reina de todo lo creado, nos enseñe y ayude a servir con humildad, en el lugar donde Dios nos ha sembrado, ¡para que terminada nuestra peregrinación por este mundo ocupemos el sitio que Jesús ha preparado para cada uno en su Gloria!

Sor María Luisa Navarro Ramos, OP

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