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El Pan vivo

Dice Jesús:

“Mi cuerpo es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida” y al decirlo lo hace con su mentalidad de judío según la cual  al hablar de «cuerpo» entiende la persona al completo y al decir «sangre» está diciendo «vida». Jesús se nos da por entero, se nos da él mismo sin esa dicotomía griega que después heredamos

Teniendo esto presente cobran mayor sentido y fuerza las palabras  que el evangelista Juan re coge en el evangelio de hoy.

«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo le daré es mi carne para la vida del mundo»

Su cuerpo es decir, Él mismo, es verdadera comida, su sangre, es decir, su vida es verdadera bebida y es que Jesús sacia toda nuestra hambre y toda nuestra sed.

Comer y beber su cuerpo y su sangre es asimilar al propio Jesús y es compartir su vida. «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y Yo en él»

Si como se dice “somos lo que comemos” deberíamos ser Jesús. Sus sentimientos los nuestros.

Nuestros pensamientos no han de ir por vericuetos extraños sino que se  han de adecuar a los de Jesús. Nuestro hacer y nuestro mirar han de ser los suyos. Nos lo dice Él:

«El que me come vivirá por mi».

Al igual que hoy, este discurso de Jesús provocaba reacciones adversas o cuanto menos incrédulas:

«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

A la incredulidad y el estupor siguió el abandono de muchos.  Nuestra reacción puede ser distinta. La tibieza y la rutina sustituyen a la admiración   y la perplejidad, acostumbrados a escucharlas y repetirlas no cabe el asombro, queremos seguir al Maestro pero tenemos  nuestras reservas, si  Él es manso y humilde de corazón también yo debo serlo pero  “¿a dónde voy yo con mansedumbre y humildad? ¡Se me comerán!”! Justamente es lo que hizo Jesús y quiere que hagamos en su memoria: Partirse, repartirse, dejarse comer. Es la adoración que se nos pide.

Ojalá  seamos capaces de quemar horas delante del Sagrario siempre que de ellas saquemos el vigor y la energía para ese partirse y repartirse.  Es comer y dejarse comer. Es contemplar y dar lo contemplado.

Sor Áurea Sanjuan Miró, OP

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