Santo Tomás de Aquino, al comentar el «Dulce Nombre de Jesús», destaca que significa «Yahvé salva», revelando su misión divina de salvación, un don angelical y celestial que confiere gracia y poder, haciendo doblar toda rodilla y disipando demonios, un nombre de poder salutífero que santifica los sacramentos y al que se debe reverencia profunda, como se ve en Hechos de los Apóstoles.

Santo Tomás y la tradición cristiana afirman que el nombre de Jesús tiene un poder inmenso, comenzando por el perdón de los pecados, ya que su autoridad divina permite perdonar y reconciliar a los hombres con Dios, restaurando la vida que el pecado había arrebatado, un poder que también delegó en los apóstoles y sus sucesores.

En su significado Teológico, el nombre Jesús (Yeshúa) significa «Yahvé es salvación», revelando su identidad como Salvador del mundo y su misión de liberarnos del pecado y la muerte. En el origen Celestial, fue un nombre revelado por el Arcangel Gabriel, un don gratuito de Dios a la humanidad, no una invención humana. Por su poder y reverencia, es un nombre «divino», que otorga poder, hace temblar a los espíritus malignos y es la fuente de la eficacia de los sacramentos, como se observa en los milagros de Pedro en el libro de los Hechos. A pesar de su poder divino, el nombre subraya también la humildad de Jesús, quien se despojó de su gloria para ser hombre y salvarnos. La devoción a este nombre es una herencia preciosa que nos lleva a invocar su poder para la salvación, siendo una clave para ganar indulgencias, especialmente en la hora de la muerte, según la Tradición Católica inspirada en sus enseñanzas.

El «Dulce Nombre de Jesús» en el comentario bíblico se refiere a la potencia, significado y consuelo inherentes al nombre «Jesús», que significa «Yahvé salva», revelando su misión de Salvador y la salvación que ofrece a la humanidad. La Biblia, especialmente en Filipenses 2:9-11, enfatiza que es el nombre sobre todo nombre, ante el cual toda rodilla se dobla, trazendo liberación, poder, paz y nueva vida a quienes lo invocan con fe, como lo muestra el testimonio del Bautista y la experiencia de los creyentes que encuentran en él fuerza y consuelo.

En resumen, para Santo Tomás, el nombre de Jesús es el propio poder y la misión de Dios manifestados en la humanidad, una fuente inagotable de gracia y salvación que debe ser invocada con profunda fe y reverencia.

Publicaciones Similares