Alegrarse por la victoria de Jesucristo

¿Cómo no alegrarse de la victoria de este Cristo que pasó por el mundo haciendo el bien a todos (cf. Act. 10, 38) y predicando el Evangelio del Reino (cf. Mt 4, 24), en el que se manifiesta toda la plenitud de la bondad redentora de Dios? En ella, el hombre ha sido llamado a la dignidad más grande.

¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz; por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos con tan inhumana crueldad?

¿Cómo no alegrarse por la revelación de la fuerza del solo Dios, por la victoria de esta fuerza sobre el pecado y sobre la ceguera de los hombres?

¿Cómo no alegrarse por la victoria definitivamente alcanzada del bien sobre el mal?

San Juan Pablo II

Publicaciones Similares