SOMOS UN TESORO PARA DIOS

Hoy el Maestro nos presenta su imagen de Dios. Una imagen que dista mucho de la que tenían los antiguos. Lo hace con tres parábolas, la oveja, la moneda, el hijo. Todo estaba perdido y todo era intensamente buscado o esperado.

El pastor, la mujer y el padre sienten la desazón por su pérdida y manifiestan la alegría del encuentro.

El pastor arriesga las noventa y nueve ovejas con tal de encontrar a la huidiza. La mujer no repara en trabajos hasta encontrar su pequeño tesoro y el padre otea sin cesar el camino esperando a su hijo querido.

Así es el Dios de Jesús, así es nuestro Dios y nosotros somos como la oveja, la moneda y el hijo perdidos. Somos el tesoro buscado, el hijo esperado. Somos el tesoro de Dios, del Padre Dios.

Somos celosamente buscados y esperados. Cada uno somos lo más preciado de Dios.

Sobre cada uno de nosotros se derrama la ternura de Dios, un Dios que hace fiesta por habernos encontrado.

 

En el encuentro no hay reproche, hay alegría y fiesta.

Así es el Dios de Jesús, así es nuestro Dios.

Sor Áurea Sanjuán, op